domingo, 12 de febrero de 2017
sábado, 11 de febrero de 2017
miércoles, 1 de febrero de 2017
Evento sobre avión de Aerolíneas Argentinas
Evento sobre avión de Aerolíneas Argentinas
Enero 30 - año 2017 Castelar Argentina.
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Luego de ausentarme en el blog durante algunos años,
pero siguiendo otros caminos, " comunidades " etc. etc,
donde se intercambian diferentes patologías y por descarte
queda lo que tiene que quedar; fue abrumador el aburrimiento
de la mayoría de las personas, que en apariencia son
"apasionadas" por la temática en cuestión, y más allá de eso,
ante la realidad que me toca vivir: considero que no puedo
estar en una postura de velar algo que nos pertenece a todos,
aunque no compartamos tal realidad.
Gracias por su tiempo.
R. Cordeiro
sábado, 1 de marzo de 2014
Último viaje
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| Febrero 27 - 2014 hora 13.56 Castelar Argentina. |
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El cuento de las arenas
Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaban a éstas.
Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto, y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo, le susurró: “el Viento cruza el desierto, y así puede hacerlo el río.”
El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas, y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.
“Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo, no lograrás cruzarlo. Desaparecerás, o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino.”
¿Pero cómo podría esto suceder? “Consintiendo en ser absorbido por el viento.”
Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo, él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?”.
“El Viento”, dijeron las arenas, “cumple esta función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río.”
“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”
“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano, y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.”
“¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?”
“Tú no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz.
“Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.”
Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él, ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó -¿o le pareció?- que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio.
Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad.”
El río estaba aprendiendo, pero las arenas susurraron: “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras, las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña.”
Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía, está escrito en las Arenas.
Esta hermosa historia es corriente en la tradición verbal de muchas lenguas, circulando casi siempre entre los derviches y sus discípulos. Fue transcripta en la obra “La Rosa Mística del Jardín del Rey”de Sir Fairfax Cartwright, publicada en la Gran Bretaña en 1899.
La presente versión es de Awad Afifi el Tunecino, que murió en 1870.
Muchas gracias a todos por su tiempo y confianza, hasta siempre.
Ricardo Cordeiro
Derviche Errante.
Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto, y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo, le susurró: “el Viento cruza el desierto, y así puede hacerlo el río.”
El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas, y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.
“Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo, no lograrás cruzarlo. Desaparecerás, o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino.”
¿Pero cómo podría esto suceder? “Consintiendo en ser absorbido por el viento.”
Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo, él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?”.
“El Viento”, dijeron las arenas, “cumple esta función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río.”
“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”
“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano, y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.”
“¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?”
“Tú no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz.
“Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.”
Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él, ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó -¿o le pareció?- que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio.
Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad.”
El río estaba aprendiendo, pero las arenas susurraron: “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras, las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña.”
Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía, está escrito en las Arenas.
Esta hermosa historia es corriente en la tradición verbal de muchas lenguas, circulando casi siempre entre los derviches y sus discípulos. Fue transcripta en la obra “La Rosa Mística del Jardín del Rey”de Sir Fairfax Cartwright, publicada en la Gran Bretaña en 1899.
La presente versión es de Awad Afifi el Tunecino, que murió en 1870.
Muchas gracias a todos por su tiempo y confianza, hasta siempre.
Ricardo Cordeiro
Derviche Errante.
lunes, 24 de febrero de 2014
INFORME SOBRE EL PLANETA TIERRA
Un cuerpo de seres celestiales, que querían desarrollar
su influencia sobre la gente de la Tierra, comisionó a un
investigador independiente y con experiencia para que los
proveyera de un informe de posibilidad.
Cuando éste volvió, dijo:
"He aquí un completo análisis de la situación. Para llegar
a la humanidad, deben proveerle felicidad a los que están
tristes y amenazar con desastres a los que están felices.
Todos deben ser expuestos a tensión, ansiedad, felicidad
y repetición. Deben inducirlos a creer, cuando son
hipócritas, que son honestos, íntegros. También santificarán
la autoindulgencia, al hacer que la gente disfrute del
sufrimiento, y luego decirles que no lo están gozando
porque es un castigo."
"¡Pero esto es atroz!", exclamaron los celestiales.
"Jamás podríamos hacer eso. Volver a las personas autómatas,
manipularlos..."
"Ahora escuchen", dijo el experto: "¿Quieren o no extender
su territorio? Si planean expandirse en este campo, deben
recordar que - por miles de años - sus competidores se les
han adelantado. Están bien establecidos allí, y tienen éxito.
En realidad, sólo hay unas pocas e insignificantes excepciones..."
Título original: Reflections. Fables in the Sufi tradition
Publicado en inglés por Idries Shah, Londres.
Fábula del libro Reflexiones.
Idries Shah
Editorial Paidós - 1971
Ricardo Cordeiro
Derviche Errante
miércoles, 19 de febrero de 2014
lunes, 17 de febrero de 2014
sábado, 15 de febrero de 2014
jueves, 13 de febrero de 2014
martes, 11 de febrero de 2014
miércoles, 5 de febrero de 2014
sábado, 1 de febrero de 2014
El lugar que soñaste
jueves, 30 de enero de 2014
Mundo real
martes, 28 de enero de 2014
Anticipo
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